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Es un hecho bien conocido y sobre todo difundido en
los últimos años sobre la inquietud que
ha creado esta llamada amenaza del problema del cáncer
para la humanidad. Amenaza que deriva de muchos interrogantes
que nacen en este momento y que se refieren a ¿
están más expuestas las poblaciones de
hoy a estos riesgos que antes? ¿ por qué
el crecimiento de esta patología? ¿ el
por qué de una mayor incidencia que en las estadísticas
generales se hace más aparente?.
En una publicación sobre cáncer se hace
así notar que en los registros de los países
más evolucionados en los controles de las enfermedades
generales, por cada 100.000 habitantes que se aumente
en esta población; habrá que calcular
300 nuevos casos de cáncer, de los cuales 100
van a curar y 200 no. Expresado esto mismo con otras
estadísticas podemos decir de cada 5 personas
que nacen hoy y disfrutan de una salud normal, una de
ellas desarrollará un cáncer en su vida
futura.
Después
de este impacto creado por los números, ha venido
la preocupación en los científicos, sobre
si el progreso en el mundo material, no tiene una conexión
con la incidencia del cáncer. Es decir se procura
analizar este planteo no ya como la afección
que afecta a una persona, sino como un fenómeno
de la relación entre el individuo y el todo que
lo rodea, es decir el individuo frente al cosmos.
Es difícil de contestar a un interrogante de
esta naturaleza y poder discriminar si el hombre mismo
no es parte responsable de este problema.
Qué pasaba hace 500 años, hace 200 años,
como era el cáncer de entonces y como ha ido
evolucionando a través del tiempo hasta la actualidad.
El cáncer se conoce hace más de 1500 años
antes de Cristo y figura ya en los papiros egipcios;
no olvidemos que ya Hipócrates, 500 años
antes de Jesucristo, también hacia mención
de esta enfermedad.
No existen constancias de los antecedentes de esta enfermedad
prácticamente en todo lo que va de esos 1000
años de estudios. Lo que se conoce sobre esta
patología hasta el año 1800, fue desperdiciado.
Unos se preguntan el por qué de este hecho si
es que la enfermedad existía y traía sus
estragos. La única explicación que cabe
es que el juicio que merecía esta enfermedad
era visto como un proceso intratable y fatalista en
todo su alcance y no merecía ser archivado ni
registrado.
No obstante podríamos traer a colación
algunas referencias. Por ejemplo que ocurre con las
poblaciones indígenas puras donde mantienen un
nivel de vida ajena a todos los aportes que ha habido
en las demás poblaciones. Son pocas sin embargo,
las referencias concretas sobre el cáncer en
los indígenas, y se ha tratado de obtener investigaciones
o datos más fehacientes que los descriptos hasta
ahora.
Por ejemplo hay referencias en Latino América
sobre todo en estudios hechos en Brasil , en Perú
y en México, donde hacen ver que el cáncer
bien diagnosticado entre los indios autóctonos
es muy escaso, pero en ningún lado es ausente
para estas poblaciones. Esto trae aparejado otra pregunta
y es que la vida de los indios no alcanza por lo general
a la edad suficiente donde la mayor estadística
del cáncer se observa.
Otro problema lo presentan los esquimales. Es interesante
destacar que estos tienen poco cáncer con referencia
a otras poblaciones registradas. Por ejemplo en los
EE.UU. donde hay cifras que muestran que la diferencia
para las poblaciones de Alaska es de 6 a 7 veces menor
que en el resto del país. Hace pensar entonces,
que estas poblaciones que no han modificado su régimen
de vida, no han tenido tampoco la mayor gravitación
sobre la incidencia del cáncer.
Hay otro enfoque dentro de este tópico, es un
principio general en cancerología, que los protoplasmas
de todos los seres vivos, cualquiera sea su naturaleza,
tienen la misma posibilidad de tener cáncer.
Es decir que, los otros seres vivos de la naturaleza,
tales como las plantas o los animales, están
expuestos a estos mismos riesgos.
La pregunta que nace ahora es la siguiente, ¿es
que en estos seres también ha aumentado la incidencia
de los tumores malignos como ha ocurrido en los hombres?.
Si pudiéramos contestar a este interrogante tendríamos
otro elemento de juicio para juzgar la marcha de la
civilización. Pero es indudable que muchos de
los factores que actúan en el hombre no lo hacen
en otros seres vivientes.
Estos comentarios por supuesto no nos permiten dar luz
sobre nuestra primera incógnita: si es que la
marcha de la civilización ha contribuido visiblemente
al aumento de la incidencia del cáncer.
Es indudable que el hombre esta sufriendo desde sus
épocas primitivas hasta ahora, múltiples
agresiones en su mayoría externas y otras también
internas que pueden no ser ajenas al estallido de una
anormalidad en sus tejidos. Es interesante destacar
que no obstante, en igualdad de costumbres e igualdad
de razas, hay un tipo de cáncer o un grupo de
tumores distintos en una población que en otras.
Esto es precisamente lo que ha hecho desarrollar los
modernos estudios de la epidemiología del cáncer
con sus derivados, como el concepto de patología
geográfica de esta enfermedad.
El cáncer de estómago característico
en Japón, estudiado en poblaciones japonesas
residentes y emigrantes tiene una incidencia despareja.
Esto demuestra, bien claro, que las oportunidades de
desarrollar esta enfermedad, no son las mismas en un
individuo que está ubicado en una latitud que
en otra latitud de nuestra tierra.
Cuáles son las presiones que recibe el hombre
de su medio ambiente que pueden tener una relación
con el desarrollo del cáncer, y si esas presiones
u agresiones han sufrido fluctuaciones en lo que podríamos
llamar la marcha de esta civilización.
¿Cuáles son estas agresiones que de una
manera u otra pueden conmover la intimidad de un individuo?.
Primero hay una razón biológica y comprende
el hecho que el promedio de vida del hombre ha aumentado
visiblemente. Hace 50 años este promedio podía
considerarse alrededor de los 49 años; ya en
el 2000 se ha considerado en 75 años el promedio
de vida del hombre. Bien sabemos que la edad del cáncer
predomina entre los 45 y los 70 años; luego el
hombre de hoy tiene por esas razones más posibilidades
de contraer esta enfermedad. Es decir la razón
del aumento de la incidencia de esta afección
no es más que el producto de una mejor condición
de vida; estamos, como se ha dicho, pagando un tributo
a las ventajas obtenidas sobre las infecciones que se
combaten mejor que antes, las epidemias, los progresos
en el campo de la cirugía, las mejores condiciones
de higiene en las viviendas y en los ambientes de trabajo,
es decir todo aquello que nos ha permitido una mejor
condición de salud general o una mejor protección
del ser humano.
Acerca del riesgo a medida que aumentan los años,
si se toman en cuenta 100 personas del sexo masculino
por encima de los 25 años debemos prever que
9 de ellas tendrán un cáncer en el curso
de su vida futura, y si consideramos 100 personas del
sexo femenino 11 de ellas han de padecer un cáncer
en el resto de sus días. Si colocamos esta edad
a los 75 años, advertimos que el 20 % de las
personas de esa edad han de padecer de un cáncer
fatal.
Es un hecho innegable de esta relación entre
la edad y las enfermedades malignas.
Otra razón: ¿qué relación
puede existir entre hábitos y costumbres respecto
al cáncer humano?. Indudablemente hubo hábitos
en los pueblos primitivos que han favorecido el desarrollo
del cáncer y que todavía subsisten. Por
ejemplo en las poblaciones hindúes existe una
costumbre de masticar una parte de la flor de un árbol
llamado Areka que tiene un producto de acción
cancerígena muy particularmente visible en el
desarrollo del cáncer de la boca y es así
que la población hindú dentro de los tumores
malignos tiene un 40 % de pacientes que sufren de cáncer
bucal.
El viejo cáncer de los chinos en el abdomen tan
mencionado en todos los libros producto de la colocación
de un brasero caliente muy adherido a la piel, es precisamente
otro grupo de cáncer provocado por el calor desusado
que se aproxima a nuestros tejidos.
Hay poblaciones todavía en nuestro medio Latino
Americano, como por ejemplo en Colombia, que fuman con
la parte del fuego adentro de la boca, es decir con
el cigarrillo invertido; esto ha sido comentado y discutido
en muchas reuniones cancerológicas en nuestro
medio y se ha atribuido a esta forma o este hábito
de fumar el cáncer del paladar que se observa
con más frecuencia en esa población.
Otra referencia más, en Egipto donde muchas de
las personas que habitan en esas zonas usan el agua
del Nilo para sus quehaceres domésticos, está
demostrado que esta agua se halla contaminada por un
parásito, el esquistosoma, que tiene una relación
innegable con la producción del cáncer
de vejiga, dado que en este órgano es donde más
se localiza este parásito y al parecer produce
una acción irritativa local que termina por desarrollar
el tumor. Todos estos hechos están registrados
en la historia del cáncer, demostrando como los
hábitos o costumbres pueden incidir en esta enfermedad,
pero eso no quiere decir que el hombre civilizado adquirió
otras costumbres tan perjudiciales como aquellas, por
ejemplo el tabaco.
El hábito del cigarrillo ha creado el problema
del cáncer de pulmón.
Es indudable que los hechos estadísticos bien
documentados prueban que el hábito del cigarrillo
tiene una relación con la incidencia de los tumores
del aparato respiratorio.
Hay también otros hábitos o costumbres
modernos que no son menos despreciables.
¿Por qué la incidencia del cáncer
de mama ha aumentado tanto? Se cree que influye entre
otras causas el hecho de que la mujer especula con tener
su primer hijo cerca de los cuarenta años, tener
un solo hijo y también amamantar poco tiempo,
todo esto debido a que la mujer entró en el mundo
laboral, factores éstos que influyen en el funcionamiento
normal mamario.
Otro ejemplo, mucho se comenta en la actualidad sobre
la alimentación y su relación con este
problema. En el África se había observado
que la alimentación deficiente en proteínas,
que es común en las tribus de ese lugar, condiciona
una inflamación de hígado o sea la hepatitis,
que es un terreno propicio para el desarrollo del cáncer,
es decir deficiencia proteica, deficiencia vitamínica,
alteración del parénquima del hígado,
que puede conducir al cáncer.
Otras costumbres alimenticias más comunes en
el occidente como por ejemplo, los aceites o grasas
sobre calentadas, el hecho de agregar sustancias o aditivos
para preservar los alimentos, la misma presentación
de los envases parafinados y otros factores más,
pueden ser también potencialmente tan malignas
como aquellas. En algunos países como Gran Bretaña,
EE.UU. y otros, hay una legislación especial
para proteger a la población de estos posibles
agentes cancerígenos que ya entran en el problema
de la dieta de la alimentación.
Puede decirse que si bien algunas de las costumbres
antiguas se han abandonado, la población ha adquirido
otras que también contienen un riesgo y a medida
que se ha creado un mayor confort o se han encontrado
otras satisfacciones en la vida diaria, no nos hemos
alejado, por el contrario nos hemos colocado también
dentro del círculo de los riesgos de la incidencia
del cáncer.
Cada día se le asigna más importancia
al empleo de los detergentes y plaguicidas, tan común
para el uso hogareño o para la agricultura, que
también juegan un papel como agente cancerígeno.
La calidad de los envases que contienen alimentos tienen
mucha importancia porque pueden estar revestidos de
sustancias protectoras que eliminan elementos que también
tienen en la faz experimental, una acción tumorígena.
Otro punto: la genética dentro de este problema
del cáncer.
No hay hasta ahora hechos probados que puedan hacer
de la herencia un factor de alarma en la incidencia
del cáncer. Existen indudablemente en medicina
varios testimonios donde el factor familiar vinculado
indudablemente a una relación genética
puede ser responsable de un número de tumores
parecidos en la descendencia, con características
similares a los ascendientes.
La ciencia investigativa nos da un elemento importante
para no desestimar el posible factor de la genética
y es, que se pueden obtener cepas especiales de animales
con tendencia cancerígena y que de la procreación
entre ellos se obtienen razas de animales, muy especialmente
de ratones, con tendencia espontánea a un tipo
determinado de tumor maligno, que se presenta en el
90 o más por ciento de esa descendencia.
Es así que existen cepas de ratones con cáncer
de pulmón, o aquellos otros con cáncer
de mama, que tienen tanto valor indudablemente en la
investigación científica porque se puede
contar con un elemento puro para poder examinar las
características de la enfermedad y la respuesta
frente a algunas variaciones que se crean en el laboratorio.
Viene ahora a consideración, un factor muy importante
que es la ocupación.
Tiempo atrás parecería que las tareas
que desarrollaba el hombre no tuvieran una relación
directa con el problema de la incidencia del cáncer,
pero si se analizan los casos con lo que el tiempo y
la investigación han demostrado, queda la gran
preocupación que la propia humanidad para obtener
mejoras materiales, para poder desarrollar nuevos métodos
industriales, obtener mejores condiciones de vida, en
forma inadvertida pudo haber estado implícito
un riesgo a favor del aumento de la incidencia del cáncer.
La industrialización no controlada ha favorecido
el aumento de ciertos tipos de patología, y ha
sido necesaria una legislación para contemplar
este nuevo enfoque dentro del problema del cáncer.
Hay observaciones muy antiguas que mostraban como el
medio ambiente en que habita y trabaja el hombre puede
ser un factor desencadenante de esta enfermedad. Todos
los libros de medicina citan el caso tan difundido de
los deshollinadores que se hallaban afectados de un
cáncer de piel con mucha más frecuencia
que otra clase de trabajadores.
Son muchos los ejemplos que abundan en la literatura
sobre este factor ocupacional en la incidencia del cáncer.
En primer término el cáncer de los mineros
cuya observación más característica
fue realizada en las minas de Joachinstal, en la Bohemia.
Estas minas que contienen material radioactivo sirvió
de base para los famosos trabajos de los esposos Curie.
En estas minas se observó una mayor incidencia
de cáncer de pulmón entre sus trabajadores
con respecto a las poblaciones vecinas y los hechos
posteriores de los estudios clínicos revelaron
que efectivamente esas emanaciones radioactivas, incidían
en el daño pulmonar acarreando el desarrollo
de esta enfermedad en un grupo alto de sujetos. Estos
ejemplos fueron confirmados en otros casos de cáncer
en mineros en distintos países del mundo. Hoy
se sabe que e las minas de níquel, cobalto, uranio
etc. tienen esa enorme responsabilidad. Son interesantes
también las observaciones de cáncer en
las fábricas de pintura luminiscentes, observado
sobre todo en los EE.UU. donde había una mayor
frecuencia de tumores de hueso en los jóvenes
que trabajaban en ese ambiente.
Cuando llevaban los pinceles embebidos en parte de la
pintura y lo pasaban por sus labios, había una
lenta absorción de un agente químico que
determinaba la producción del sarcoma en los
huesos.
En Inglaterra, las fábricas de hilandería
donde sus obreros tenían más cáncer
de piel que en otras industrias, se comprobó
que era debida a que los aceites que se eliminaban de
esas máquinas y que impregnaban las ropas de
los trabajadores ejercían un efecto cancerígeno
indudable y esto se resolvió luego con medidas
de protección tales como corresponden y se evitó
así el desarrollo de ese cáncer. Son también
frecuentes las citas del esta enfermedad sobre todo
de piel por el uso de aceites minerales y sus derivados;
petróleo, asfalto, lubricantes, como así
también algunos agentes químicos como
el arsénico.
Todo esto confirma la importancia de los elementos de
manipuleo que tiene el hombre en su tarea ocupacional.
No dejamos de citar el caso de pesquisa sobre todo en
los países de Europa en su relación al
cáncer provocado por las anilinas. Se había
observado tanto en Inglaterra como en Alemania y Francia
que los obreros que trabajan en las fábricas
de anilinas tienen una incidencia de cáncer de
vejiga mayor que lo normal y el de otras industrias.
Un interesante trabajo en equipo sobre todo desarrollado
en Gran Bretaña demostró que una de las
aminas aromáticas que se encuentran en las anilinas,
se incorpora por distintas formas dentro del organismo,
ya sea por piel, por la vía respiratoria, en
impregnaciones que puede haber en los alimentos, y después
de un proceso donde atraviesa el hígado se elimina
por vía urinaria convertida ya en una sustancia
de acción cancerígena en forma tal que
el contacto más prolongado de esa sustancia en
la pared de la vejiga era la razón de la producción
de ese tumor.
Se logró una forma de antídoto con el
cual se pudo proteger al hombre de esa acción
maligna de la amina aromática.
Merecen ser difundidos estos conceptos pues son una
forma de avance científico de los conocimientos.
Es innegable que hechos normales de la naturaleza han
ejercido y ejercen una influencia en el individuo para
provocar la excitación del tumor maligno.
Se conoce desde antiguo la influencia de los rayos solares
sobre la piel y la frecuencia del cáncer en personas
que viven o tienen sus tareas expuestas a la acción
solar. No puede desestimarse este hecho común
a todas las poblaciones en todas las latitudes.
Se sabe que hay elementos en la atmósfera como
las poluciones de factores tóxicos y agresivos,
por ejemplo el hollín, producto de la combustión
en los vehículos y una cantidad de partículas
que se desprenden en los ambientes de las grandes industrias
o que provienen de la desintegración artificial
que el hombre ha llegado a provocar en la atmósfera.
El efecto de emanaciones radioactivas que pululan en
muchos ambientes y que últimamente ha sido objeto,
de una gran preocupación, no solamente en los
ambientes científicos, sino también en
los sociales y políticos.
Hay testimonios probatorios después de la explosión
de las bombas atómicas del efecto de estas radiaciones
sobre el organismo humano y en particular con ciertas
formas de enfermedades malignas como la leucemia.
Es innegable que las fuentes radioactivas tienen una
acción cancerígena en el ser humano.
Desde ya se sabe que en todos los ambientes que las
radiaciones están acumuladas en un margen por
encima de su nivel común de tolerancia, aumentan
la incidencia del cáncer. Es difícil conocer
la susceptibilidad de cada sujeto a las distintas dosis,
pero hay una cantidad de referencias que merecen ser
tenidas en cuenta. Por ejemplo se sabe que las personas
que trabajan en contacto con las radiaciones comunes,
como los rayos X, están más expuestas
a esta incidencia del cáncer que los otros. Se
hace una gran campaña en destacar el riesgo del
uso de las técnicas de las radiaciones sobre
las personas como motivo de tratamiento o de diagnóstico.
No cabe duda que es un hecho universalmente aceptado
que todas las fuentes radiantes y la dispersión
de estas energías radioactivas, es un riesgo
que está creando un peligro cada vez mayor al
individuo.
Será
una gran responsabilidad de la civilización de
hoy cuando mañana se le interrogue sobre el efecto
de las armas atómicas.
La
llamada tensión psicosomática como un
posible elemento más de agresión contra
el individuo, podría parecer como un nexo sin
trascendencia, pero los nuevos conceptos sobre toda
la relación endocrino humoral en el problema
del cáncer y es importante cuantos de estos fenómenos
humorales están relacionados con la esfera psíquica.
Entre la esfera psíquica y las reacciones emocionales
de un individuo, hay un estrecho vínculo y todo
aquello que perturbe este coeficiente puede llegar a
producir impactos en distintos sectores celulares de
un individuo normal y con ello ser una forma de agresión
que puede llegar a determinar la anarquía celular
o sea el comienzo de la lesión maligna.
La excitabilidad de un individuo o su gobierno emocional
es responsable de una posible alteración celular
a través del estímulo de hormonas normalmente
circulantes o por la disminución de la defensa
del huésped.
No todas las personas tienen lo que se llama la misma
susceptibilidad o resistencia frente a las enfermedades,
entre ellas las malignas, en otras palabras hay una
defensa natural por la cual un individuo es distinto
al otro en la forma de reaccionar ante ciertas agresiones
bacterianas, de virus o de otras noxas no bien clasificadas.
En relación con este tema se formula la siguiente
pregunta: ¿qué pasa con aquellos sujetos
que no están sometidos al esfuerzo intelectual
de las personas normales y por lo tanto asumen este
riesgo de descargas hormonales o humorales que pueden
llegar a ser nocivas para ciertos tejidos? ; en otras
palabras, qué pasa con esos individuos cuya mente
está ausente de estos estímulos, por ejemplo
en los insanos. ¿Es que éstos tienen los
mismos tumores malignos en la frecuencia que ocurre
en los normales o es que tienen menor tendencia a desarrollar
un cáncer?. Este tema ha sido debatido con interés
pero no hay trabajos totalmente convincentes, por lo
menos en las estadísticas más difundidas.
Hay algunos estudios hechos incluso en nuestro país
que han demostrado que un grupo de insanos, por ejemplo
los esquizofrénicos no tienen tumores malignos
en la frecuencia que hay en los normales. En nuestro
Hospicio de Insanos se ha hecho una investigación
comprobándose que el cáncer es menos frecuente
que en el grupo testigo normal.
Hay muchas razones entonces que pueden estar en juego
hoy, para que este mundo civilizado se halle más
expuesto al riesgo de las enfermedades malignas.
El hombre desde hace mucho tiempo está soportando
agresiones que en distinta medida fluctúan con
los años, pero que en la civilización
actual han aumentado, no solamente en cantidad sino
en calidad y cuya medida definitiva en relación
a las enfermedades que hoy padece, solamente el futuro
podrá darnos una respuesta.
Estemos alerta para admitir que no es solamente la responsabilidad
del azar, sino que es una responsabilidad también
de nuestro sistema social.
Quizá
tengamos que darle razón a un patólogo
que decía que no bien se nace ya se comienza
a morir, queriendo significar con esto que nos estamos
adaptando constantemente a una lucha contra el medio
ambiente.
(Extractado de una charla del Dr. Abel N. Canónico)
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